domingo, 7 de diciembre de 2025

Política del amor como mandato del servicio público en un gobierno popular

De las reflexiones "Profanando el Estado Liberal".

Por Luz Ángela Gómez Jutinico.

Durante muchos años, el Estado fue un lugar al que se entraba con solemnidad y del que se hablaba en voz baja, como si fuera un territorio sagrado reservado para unas pocas personas. Quienes lo habitaban aprendieron a caminar con títulos en la espalda, a ejercer la distancia como método, a sostener un aire de superioridad que separaba al servidor público del pueblo. En esos tiempos, el abrazo no era costumbre: parecía impropio, casi prohibido, como si la cercanía restara autoridad o pusiera en riesgo la aparente neutralidad de la institución.

Pero hoy atravesamos una transformación profunda. Con el gobierno popular, con el proyecto político del cambio, emerge una comprensión distinta del poder: ya no como privilegio, sino como responsabilidad; ya no como superioridad, sino como servicio. En esta transición, la política del amor se vuelve un pilar fundamental, no para romantizarlo, sino por convicción ética y sentido histórico.

La política del amor reconoce que la justicia no se escribe en normas, procedimientos y lineamientos sino en gestos. Que el reconocimiento de la dignidad del pueblo no se decreta desde una oficina, sino que se practica en el encuentro cotidiano: en escuchar de verdad, en agacharse para estar a la altura de la palabra de una niña o un niño, en bailar junto a las mujeres, en caminar al ritmo de las comunidades, en respetar sus tiempos, sus dolores, sus memorias, sus alegrías y sus símbolos.

Amor es también cercanía: mirar a los ojos, usar un lenguaje común, permitir que las manos del Estado estén tibias, no frías, encarnadas en seres humanos que cuidan. Amor es comprender que el pueblo no llega a las instituciones a pedir favores, sino a ejercer derechos. Amor es desmontar la arrogancia que por décadas marcó las oficinas públicas, y reemplazarla por la humanidad del que sirve, del que sabe que el poder pertenece a la gente y que desde las instituciones del estado solo nos debemos al mandato popular.

Por eso, en este tiempo, las y los servidores públicos tenemos un encargo profundo: sostener la política del amor como práctica diaria, como brújula que orienta decisiones, como método para resolver conflictos y como ética para relacionarnos con quienes confían su vida y sus derechos en las instituciones. Esta política del amor no es una metáfora: es una forma concreta de hacer justicia social, de reparar la distancia histórica entre el Estado y la ciudadanía, de construir un país donde la dignidad no sea una promesa sino una experiencia cotidiana.

En el gobierno popular, el amor se vuelve política precisamente porque es capaz de crear comunidad, de derribar muros, de sanar heridas y de recordar que todas las transformaciones profundas comienzan en lo humano. Hoy sabemos que el Estado no pierde nada cuando abraza; al contrario, gana legitimidad, gana confianza, gana sentido. Y sabemos también que el pueblo nunca ha dejado de tener ritmos, palabras, gestos y sabores propios, y que es deber nuestro acercarnos a ellos con respeto, ternura y escucha.

Así, en esta transición, dejamos atrás la época en la que algunos se sentían dueños de la entidad pública y recuperamos un horizonte más nítido: el del servicio público amoroso, cercano, comprometido con la vida, con la justicia y con la alegría del pueblo. Un Estado que abraza no desde la condescendencia, sino desde la igualdad; un Estado que reconoce, que acompaña y que camina con su gente.

Porque la política del amor no es una consigna: es la posibilidad real de que el Estado vuelva a ser hogar para todas y todos. Es el compromiso de no olvidar nunca que el cambio empieza por la manera en que tratamos al pueblo del que también somos parte. Es recordar que el poder sin amor es dominio, pero el poder con amor es cambio.

domingo, 7 de septiembre de 2025

Encuentro

Allí iba ondeando como un oleaje hecho de espumoso capuchino, rompiendo el aire en cada escalón, dejando sin respiración cualquier suspiro que pudiera atravesarse.

Buscando indagar al ser que se abría paso en el ascenso, como magia asomaron sus piernas, deslumbrantes del momento, de la pausa y de la curiosidad, fue un instante suficiente para abrir más los ojos, como si de eso dependiera el ver más.

Y sonó la música, el ritmo, otro ritmo, himnos que marcaron los pasos restantes, las palabras seguidas, las sonrisas encontradas y los abrazos que nunca duran lo suficiente. Y ahí se fue de nuevo, abriendo camino.

viernes, 2 de mayo de 2025

Palabras y deseos sin fin

Han pasado vientos

sin pisar una sola palabra,

han ido de largo suspiros

sin apaciguar la más cercana mirada,

han navegado recuerdos

sin atenuar las sombras en las cortinas,

han desaparecido presencias

sin percatarse de que las esperan,

han ahuyentado caricias

sin preguntarle a la piel erizada,

han malgastado ausencias

sin preguntar cuánto se extraña,

han persistido aromas

sin regar en la noche las nuevas flores,

han imaginado otros caminos

sin constatar que son los que retornan,

han anochecido cielos

sin esperar estrellas ni lunas,

han vuelto los abrazos

queriendo encontrar un beso o dos,

han pasado las palabras

sin que este escrito haya llegado a su fin.

viernes, 10 de marzo de 2023

¡Chao, Twitter! ¡Hola, Twitter!

[Meme o video en el que se ve a Bart Simpson caminando y gritando por el corredor de su casa mientras golpea con una cuchara una olla que lleva en la cabeza para llamar la atención]

¡Mírenme, llevo casi dos meses sin ingresar a Twitter, salí de Twitter y no he vuelto sino hasta ahora, no había entrado a Twitter, mírenme! ¡¿Ya me miraron?!

Ajá, anuncio (¿a quién?) mi retiro de Twitter (y también el pronto regreso, me pica volver) porque en una explosión de exceso de información, mi corazón, mi razón y, principalmente, mis dedos índices y pulgares decidieron cerrar sesión (realmente de todas las redes sociales) y desinstalar las aplicaciones de las mismas que habitaban en mi celular (¡ah, es por eso que ahora la batería dura más!), sí fue mucha la carga de información negativa, dolorosa, preocupante, mal intencionada, eternos toma y dame sin intenciones de mediar. Me mamé.

_¿Supiste del terremoto en Turquía y Siria?... ¡Pilas porque hay paro de taxistas!, ¿no sabías?... ¡Se vienen dos días de marchas, una a favor y una en contra del gobierno! (¿Marchas? ¿Dos días?)... No viajaron por el problema de la aerolínea, ¿viste la cantidad de personas que no han podido salir? (¿Yo?, no, no he visto)... ¡Se fue el ministro de Educación, la ministra de Cultura y la de Deportes! (¿¡Ah!?, ¿y es que ya está el Presidente actuando como cuando fue alcalde?)... ¡TEMBLOR! (ah, ese sí lo sentí, confieso que entré a la web de Twitter, sin iniciar sesión, para corroborar que no fue parte de un sueño)_ Y así he ido desenterado por el mundo y del mundo en los últimos días.

Canita al aire #1, digo, pensamiento al aire #1: ¿qué es esa vaina tan horrible, la de andar por el día y en el día pensando en forma de 'tuits'? Esta acción que casi por inercia hace que tome una frase que escucho, digo, concluyo, recuerdo o veo por ahí escrita, y la piense en su destino: 'un tuit' (malo o bueno, un tuit). ¡Oh, una foto, una escena!, ¡aguanta pa' un tuit también! Dicha acción ha ido disminuyendo a medida que pasan los días sin Twitter, si vuelvo, seguramente volverá, ¿lo quiero?

Pensamiento al aire #2: estoy perdido de los temas que se abordan en el día a día en las conversaciones del trabajo, la familia, las amistades, de los amores y de las amoras (cara coqueta), muy perdido. ¿Cómo me entero aunque sea un poquito de cosas? Terminé viendo, de vez en cuando, RTVC Noticias (¿ya nombraron gerencia en RTVC, a propósito? Extraño a Simona en Radiónica, a propósito, otro a propósito). Ah, y también me estoy viendo Los Cuervos, ajá, cuando finaliza RTVC Noticias, los viernes no la dan. ¡Y Presunto Pódcast, he seguido avanzando en sus capítulos! También me ha servido para enterarme otro poco, aunque aún no me pongo al día, pero ya casi. ¿Quiero volver?

Pensamiento al aire #3: no recuerdo si dejé interacciones o conversaciones pendientes en Twitter, ¿y los memes?, ¿y las interacciones que terminan en sonrisas?, ¿y aquellas que enseñan? Las fotos bonitas, las consultas a personas que saben de cosas y más cosas, las conversaciones con temas superficiales, como la última canción de Shakira y el último video de Aterciopelados (¡y su concierto que viene en camino!). ¿Voy a volver?

Pensamiento al aire #4: ya vengo, voy a publicar el enlace a este escrito a Twitter.

lunes, 27 de junio de 2022

¡¿The?! ¡¿Desert?! ¡¿Marathon?! Ajá

Nota introductoria con un poquito de advertencia: si alguien llegó por aquí a leer y es de aquellas personas a quienes les gusta sorprenderse buscando nuevas rutas para conocerlas corriendo, trotando, caminando o gateando (bueno, gateando no -gif de Homero Simpson diciendo "no, no, no, bueno sí"-) no siga leyendo, para que no se pierda la experiencia propia y más bien vaya y esté pendiente de la próxima edición de #TheDesertMarathon.

Empecemos con este relato que, creo, será de lo más extenso que he de escribir por este, por ratos, abandonado blog.

Día 1. Como aquella historia patria en la que nos cuentan que deslumbraron a ancestros y ancestras con espejos, así buscaba y perseguía uno a uno un conjunto de nudos, con suficiente tela sobrante, para que capturaran mi atención al brillar y simular un movimiento, como una estrella titilante. Y es que la oscuridad era protagonista, presente siempre, al menos en el entorno cercano, al menos entre nudo y nudo que se creía lucero, que invitaba a seguir un camino, uno desconocido, pero al que asistí como por inercia y con adrenalina.

Y ahí estaba una primera línea de luz, ¿una ciudad?, quizás, lejana para decidir de cuál se trataba. Así como apareció la línea luminosa artificial, así desapareció y seguí concentrado en los luceros de tela, de nuevo, en medio de la completa oscuridad. Trotar, caminar, sentir el calor refrescado por la brisa, sentir aún más la ausencia de brisa, pero seguir, avanzar, siempre avanzar. Entre nudos, telas, pasos y respiración agitada, hubo oportunidad de saludar la presencia de otras y otros presentes, anfitriones, camuflados de oscuridad y de pocas palabras, pero latiendo y, seguramente sonrientes, como intentaba estar yo en cada saludo de buenas noches. 

Hubo, más que una meta, una llegada a un nuevo punto de partida. Un punto de partida que, aún estando más oscuro, me mostró un cielo estrellado, un cielo que pocas veces he visto con tanta concentración, era como si cada nudo del camino, de esos que se creían luceros, los hubiera recogido para disponerlos allá arriba, en ese infinito cielo razo, todos los recogimos y los dispusimos por miles y millones en el manto que nos cubrió por el resto de la noche.

Día 2. Ya sin rastros de la a veces fresca noche estrellada, ¿fue un sueño acaso?, pudo haberlo sido, empezó otro sueño entre naranjas y azules intensos que se fueron desbaneciendo para darle paso a un Sol, aquel que me acompañaría en otro camino, uno casi libre de verdes seres en el suelo y de seres blancos en el cielo, muy, muy libre. El camino se abrió paso, esta vez los luceros eran fucsias, tan radiantes que el Sol celoso decidió hacerles frente y hacer sentir más y más su presencia en cada paso, de los lentos y de los no tan lentos.

Hubo ganas de detenerse, respirar y tomar un descanso, uno en donde no estuviera el Sol, pero ahí estaba, como detenido esperándome, si yo daba un paso, él también, así lo comprendí y no había otra solución que continuar de su mano pero a mi paso. El infinito 'del anoche' lleno de luces que juegan a encender y apagar, se trasladó a esta mañana de tonos amarillos, de vientos arenosos y de corazón agitado; en vez de estrellas, pequeñas rocas que al ser pisadas en cada paso, recordaban el 'tic - tac' de los relojes, un 'tic - tac' que podía ser lento o no tan lento.

De nuevo una nueva meta, un punto de partida donde, de nuevo, anfitriones, ancestros, visitantes y personas que ya habían dado sus pasos esperaban la llegada de los otros con alegrías y bienvenidas, bajo el único rectángulo de sombra que, al fin, nos separaba del "amigo Sol" (de repente me puse a cantar "sale el Sol por la mañana, sale el Sol a calentar, siempre sale por el este, hoy yo lo voy, a saludar, ¿cómo estás astro de fuego?". "De repente", mientras escribo, pues en el camino con su compañía quizás solo pensaba en avanzar y avanzar. Ah, y en que no se acabe el agua).

Día 3... (Le di 'play' a "El Sol", qué buen tema, aún suena mientras traigo palabras para este nuevo día). La belleza está en todas partes, todas, sin olvidar que, aunque bello, no necesariamente es el ideal. ¡Qué gran día! Todos lo fueron y este último simplemente corroboró cada sensación pasada y, para el día, presente. Cada paso era un nuevo punto de partida, pero no para un nuevo camino por recorrer, sino para cada sentido, los cinco que ya tenemos, el sexto que seguramente también se despertó y otros tantos que ni sabíamos que teníamos, pero que ahí estuvieron presentes. Cada paso era una mirada, una sonrisa, una vuelta de 360° para no perder ningún detalle, un nuevo ángulo, un sonido, un horizonte, una cima a la cual llegar, una huella por dibujar en (terminó de sonar "El Sol") la arena humedecida por el mar, seca ipso facto por el Sol.

No habrá suficientes ráfajas de fotos que retraten las huellas de este último día y no las que marcaban mis suelas, sino las que con cada detalle maravillaban mis ojos, de nuevo deslumbrado, ya no por nudos como estrellas, sino por composiciones por cada paso, composiciones que mezclaban agua, arena, tierra, rocas, viento, cielo, nubes, cercanías y lejanías; éxtasis en cada respiro agitado, un completo éxtasis.

Y así finalizó: sentidos, sensaciones, realidad y fantasía parecieron estar presentes y mezcladas de infinitas formas en el antes de anoche, el ayer y el hoy. Y el hoy más actual, de seguro el siempre y el mañana, ¿una experiencia para repetir? Aún no lo sé, ¿una experiencia para repetir con un propósito más exigente? Tampoco lo sé. Ya es una experiencia que se construyó o se ha empezado a construir. Ya veremos.

Fin (con sonrisas de ancestros, de detalles sin contar, de compañías, de individualidades, del día, de la noche, de la cultura de lo que se ve, no se ve, se desconoce y, sobre todo, se respeta).