Suficientes vueltas aprendió el mundo a dar,
en sus ratos libres, en las noches, cada noche
para que cada día rodeemos ideas, para dejarlas en el aire,
en el aire que sólo se encarga de abrazar al mundo.
Del aire sí quedan aún enseñanzas
abrazarte, está bien, sólo abrazar, de día, de noche, abrazar
abrazar para consentir al mundo, abrazar para consentirnos
abrazar sin dar vueltas y abrazar con infinitas vueltas
disfrutar abrazar, que quede claro, abrazar.
Asoman los soles, uno diferente cada mañana,
el del día anterior se escapa con la luna de cada noche,
se conocen en cada vuelta, se escapan en otra
se abrazan en una vuelta, se alegran la vida en todas.
Sin aire, pero con abrazos. Bien, con aire ¡y con abrazos!
se ha de permitir vivir, como el mundo y el aire
con sentido y sin sentido, pero siempre sintiendo
el aire, la vida, en un abrazo, en cada vuelta.
miércoles, 18 de junio de 2014
sábado, 24 de mayo de 2014
De P a Z
Desnudos, sin camisas de colores, con mentes despejadas, sin ataduras, las palabras tomaron formas, para empezar sólo tuvieron forma de "hola's" tímidos, sonrisas mantenidas y otras esquivas, todas sanas, todas transparentes. Hubo momentos de silencio, otros de risas, algunos con suspiros, todos llenos de latidos, palabras que finalmente latieron.
Al poco tiempo todos éramos como familia, una familia consagrada en una especie de amistad, amistad que no demoró mucho en prevalecer ante aquel escenario en blanco, transformado luego en color, en ideas, en deseos, en letras, en canción.
Hijos, abuelos, nietos, primos, hermanos, solteros, ellos, ellas, inquietos todos, pensantes siempre, habríamos sido convocados sin otro particular más que hablar de un tema que, aunque presente, lo hemos destinado a estar ausente, sin presencia (valga la redundancia, ¿hay redundancia?), ese tema siempre en boga, siempre cacheteado, escupido, deseado, "paz" le llaman.
Nos dedicamos a imaginarla, a anhelarla, a invocarla. A escribirle, a abstraerla de discursos, a encontrarla en aquel UBUNTU del que tanto podemos aprender, que tiene tanto por contar, pero que decidimos encerrarlo en aquel "yo soy porque tú eres". Y es que todos fuimos, todos somos, todos pudimos ser, todos, en adelante, seguiremos siendo.
Cada uno ¡y todos! éramos de nuevo uno, cada idea, cada pregunta, cada aporte, cada suspiro repentino, sí, otra vez los suspiros, nos pertenecían a todos, las mentes, más que el corazón, se fusionaron, se pensaron, se repensaron aunque sí, realmente, el corazón nunca se marchó. Cada idea en circulación se manifestó pensando en qué hacer, un qué hemos hecho, un qué estamos haciendo. Preguntas todas que traían a este escenario a los amigos, a los familiares, a los conocidos, a los reconocidos y a los desconocidos, que aunque ausentes, se mantuvieron presentes; pues aquello que llaman paz, también es con ellos.
No hay certezas, pero hay motivos, hay deseos, hay razones, hay poder de hacer. Retomando las preguntas basadas en el "qué" y en el "hacer", debo decir que es muy fácil responder (por lo cual también resulta fácil no hacerlo) que en cada respiro, en cada paso, en cada guiño, en cada saludo, en cada despedida, en cada asomo a la ventana, en cada caricia, estaremos construyendo aquello que hemos de seguir llamando "paz".
#ImaginaLaPaz
viernes, 25 de abril de 2014
"Vos", ¿el de la experiencia?
Abandono por unos minutos los afanes propios de cada día, más afanes que días de hecho, para contar por aquí mi labor "extra" para la que fui "contratado" hoy. Un jovencito (llamémoslo Pachito, porque así se llama) que de niño fue mi estudiante, me solicitó crearle un escrito bonito para su, aún no, novia... "quisiera pedirle un favorsito usted q' anda de escritor". Sin más, tras indagar la situación, su sentimiento, lo que querría decirle, lo que le inspira, para ordenar palabras que no fueran mías, sino suyas surgió entonces:
Fuiste esa nube en forma de corazón,
fuiste ese viento que nos despeinó,
fuiste el tropezón con el que carcajeamos,
has sido la sonrisa que mejor se me ha dibujado,
has sido mi suspiro más profundo,
has sido el sueño con que duermo y despierto,
eres mi presente, síguelo siendo,
eres mi jardín, floreces todos los días,
eres tú, soy yo, contigo siempre de la mano.
Es tu cumpleaños y te regalo un te amo.
Fuiste esa nube en forma de corazón,
fuiste ese viento que nos despeinó,
fuiste el tropezón con el que carcajeamos,
has sido la sonrisa que mejor se me ha dibujado,
has sido mi suspiro más profundo,
has sido el sueño con que duermo y despierto,
eres mi presente, síguelo siendo,
eres mi jardín, floreces todos los días,
eres tú, soy yo, contigo siempre de la mano.
Es tu cumpleaños y te regalo un te amo.
Nota: Esta publicación la hago con el permiso del dueño de la inspiración, sí, Pachito. Aquello de la experiencia, que dizque yo podía sugerirle el plan de conquista, ahí si fregados, de 5 intentos, 0. Él sí contará con éxito
viernes, 11 de abril de 2014
Levito y camino
A destiempos suceden los momentos,
a deshoras los sentidos se enfilan,
en horas tardías llegan los amaneceres,
atardece y el rocío nocturno apenas se despide.
No son segundos los que cuentan,
no días, no noches, no es tiempo,
ni eclipses, ni lunas, ni sueños, ni veranos,
tampoco ocasos que no dejan quedar al sol.
Esperan los suspiros, las sonrisas,
y a veces el recuerdo queriendo dejar de serlo.
En ocasiones hasta las pausas se desesperan,
la ausencia se respira, se cuenta, se multiplica.
Otra vez la sonrisa de lo que pasó, juega sucio.
Justo cuando se desempolvan las letras para pronunciar nombres,
una voz responde, se resume, se ausenta, se va,
y vuelven a su posición fetal las emociones, se exilian.
Huye del allá, vuelve, pero no lo olvides, vuelve.
No te quedes, siempre trata de estar, sólo trata,
el camino que se trace en cada ida y vuelta será un secreto
el aliado, el encuentro permanente, el hasta siempre.
a deshoras los sentidos se enfilan,
en horas tardías llegan los amaneceres,
atardece y el rocío nocturno apenas se despide.
No son segundos los que cuentan,
no días, no noches, no es tiempo,
ni eclipses, ni lunas, ni sueños, ni veranos,
tampoco ocasos que no dejan quedar al sol.
Esperan los suspiros, las sonrisas,
y a veces el recuerdo queriendo dejar de serlo.
En ocasiones hasta las pausas se desesperan,
la ausencia se respira, se cuenta, se multiplica.
Otra vez la sonrisa de lo que pasó, juega sucio.
Justo cuando se desempolvan las letras para pronunciar nombres,
una voz responde, se resume, se ausenta, se va,
y vuelven a su posición fetal las emociones, se exilian.
Huye del allá, vuelve, pero no lo olvides, vuelve.
No te quedes, siempre trata de estar, sólo trata,
el camino que se trace en cada ida y vuelta será un secreto
el aliado, el encuentro permanente, el hasta siempre.
Por @wdelbar
martes, 4 de marzo de 2014
Diga: "treinta y tres"
Ha habido un reencuentro, sin duda, con la vida, con la noche, con la lluvia, con los "¿por qué?", con el pasado que se negó a regresar (pasado con nombres propios debo decir), con el presente nítido y con el futuro aún incierto, ¡excitante...mente... incierto!
Un reencuentro con la crisis, más bien un descubrimiento de aquello que llaman crisis, realmente nunca la hubo, nunca la tuve, no la he tenido, son simplemente nuevas pataletas de la vida, aquella que nos deja ver cómo envejece, nos da señas de que envejece, se deja notar en las nuevas grietas de la impecable casa en la que crecimos, en los dolores de más en nuestros siempre rejuvenecidos viejos, en los niños que ya no lo son, en aquellos que apenas hace unos días sólo lloraban y reían pero que hoy cuentan historias, las suyas propias.
Un reencuentro con el recuerdo de la mamá, la mía, que fue capaz de descubrir a punta de preguntas consentidoras la razón de mi llanto que no me dejaba dormir, era la noticia de que estallaría una guerra en el Golfo Pérsico, sí, yo estaba en la escuela y me parecía nefasto tener que salir y de repente ver la guerra en frente de mí. No es loco, yo era un niño, no me eran claras las distancias.
Reencuentro con papá, el mío, a quien le entregaba una caja de herramientas, pegante y mi juguete preferido... en pedazos. Confiado, sin desilusiones, de recibir de vuelta ese juguete, una vez más, servible por una buena temporada, ahí estaba cada vez que lo necesitaba.
Un reencuentro con recuerdos, vagos, claros y difusos. Reencuentro de familia, amigos, conocidos, reconocidos, desconocidos, pasos (de los que dejan huellas y de los que no). Caminos, muchos se han caminado, pero la mayoría aún espera.
Un reencuentro sin fin, con miles de puntos suspensivos y éstos (...)
Nota: ¡Ah! lo del nombre de esta entrada fue otro recuerdo, y es que cuando de niño me llevaban al médico por alguna tos, supongo, él me pedía que dijera treinta y tres mientras el frío estetoscopio se calentaba en mi espalda. Eso y porque hace treinta y tres años le andaba pataleando a mi mamá en la panza. Lo último no lo recuerdo, pero así debió ser.
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