Es quizá la primera vez que le pongo primero el título a una de estas entradas que he publicado en este omnívoro intento de blog (al menos a conciencia). Hace rato que no escribo, hace rato que la inspiración se vuelve mucho más blanca que esta hoja cuando está vacía. Pero hoy empecé y parece que seguiré adelante con otra tanda de párrafos.
Llegué a cumplir la orden, de una una rubia 'ojiazul', de subirle el volumen a la radio (a la Radiónica, para más señas) y es que de repente supe que esta noche será la última vez, al menos por esta temporada, que recibiré (como muchos) dicha orden. Así que además de acatar la ley (porque sí, es ley) le estoy dedicando estas letras inconclusas y nostálgicas (sí, nostálgicas tengo nudo en la garganta, ¿o en los dedos? En fin) a aquella dama dedicada a dejarnos querer sus gustos musicales, a contarnos la historia de las guitarras poderosas, de las baterías al borde de reventar, de las voces roncas (a las que a veces se incorporaba en coros), a presentarnos canciones nuevas, literalmente nuevas, a buscar y rebuscar sonidos para presentarlos y antojarnos cada semana.
A su sentir desde el corazón (a veces dudo que lo tenga, debe tener como una banda de rock en su pecho y cada integrante de esa banda aporta su corazón... bueno, salgamos del pecho de la dama 'ojiazul') se suma la energía, la energía de esa persona completamente desconocida pero tan allegada. Vienen de repente a mi mente las imágenes de verla a unos 3 metros de distancia en la carpa del Concierto Radiónica del 2014, en TV cuando transmitieron el del 2015, en fin. Energía pura ahí.
Cuentan las lenguas (las redes) que su despedida la llevará a tierras londinenses y como este mundo, aunque enorme, es uno solo (no, no es frase de cajón) se va pero llega, por eso su despedida es bienvenida. No es más.
¡Gracias Beatriz De La Pava H, alias @tu_patrona! Cierro este mensaje desabrido (pero con el corazón a mil, por el volumen alto, por tu voz ahí y por todo lo que para vos viene [estoy confiado de que podré volver a 'sintonizarte']) tratando de coincidir con la última canción a la que esta rítmica rubia le dio 'play' hoy.
viernes, 19 de febrero de 2016
domingo, 27 de septiembre de 2015
La tales TIC
Parece
que ha pasado tiempo desde que en el año 2005 fuimos convocados un
equipo de egresados de la Licenciatura en Informática para compartir
con docentes de escuelas rurales del departamento de Nariño,
estrategias en las cuales pudiera integrarse el computador para
lograr otros procesos de aprendizaje en el aula. Empezó a pasar
tiempo, por fortuna no mucho o quizás sí, cuando notamos que aquel
liderazgo estaba haciendo, erróneamente, que la planeación de los
procesos de aprendizaje tomaran como eje las TIC en vez del
aprendizaje. Fue necesario un alto, un freno en seco, cachetear el
proceso y ser consientes de que a ese error fatídico había que
anularlo. Esa reflexión, en conjunto con los docentes con quienes
interactuamos, fue bienvenida y el proceso volvió a encaminarse,
esta vez con el pensamiento permanente de no caer en usar las TIC
(aquellos software 'sorprendentes') como una obligación, sino
usarlas porque dentro de la necesidad de planear, en ellas podría
existir un recurso que antes no se tenía. Releo este párrafo y
pareciera haber sido una tarea fácil, pero realmente no lo fue.
Año a año, este proceso de integración de tecnologías en el aula (re-conociendo zonas de Colombia), se conformó pensando en el respeto por la estrategia de los docentes y la inmersión, en ella, de las tecnologías ofrecidas, tecnologías estas que involucraban software gratuito, paquetes ofimáticos, editores básicos de recursos multimedia, chat, correo electrónico, redes sociales, e-learning, micromundos y quizás un largo, o no tan largo, etcétera. Existió la fortuna permanente de que todos estos 'recursos didácticos' de la formación se abordaran en el aprendizaje de su funcionalidad a partir del uso inherente a la actividad muy conocida de planear una clase e implementarla, un aprendizaje conjunto entre docentes, estudiantes y, desde luego, los formadores que acompañamos el proceso.
Desde
planes de clases con los que se trabajan contenidos o conceptos
breves, hasta proyectos de aula o institucionales en donde se
integraron aquellas tecnologías fueron posibles, experiencias de
nuevos procesos en el aula empezaban a dejarse ver y su socialización
tenía espacio. Existieron entonces escenarios en los que estos
logros fueron los protagonistas, con algunos desaciertos, debo decir,
como cuando dicho protagonismo se lo llevaron los productos que, para
opinión del público, no pasaban de ser "bonitos",
"descrestantes". Qué bueno hubiese sido que lo bonito y
descrestante se tratara del proceso recorrido para lograr ese
producto, pues fue ahí donde el esfuerzo y el reto asumido por los
docentes de integrar las TIC en un proceso de aprendizaje estaba
generando impactos, modificaciones o "al menos", en mayor porcentaje, experiencias. Error aprendido, desde entonces, la integración
de TIC, en procesos de aprendizaje planeados por los docentes,
centrarían el análisis y la reflexión en los procesos y eso, para
cuando hubiera lugar, se socializaría.
Como
un gran punto a parte (con cara de punto seguido), me siento en la
obligación de al menos relatar que, en este proceso de integración
de TIC, a parte del reto de los docentes por integrarlas a sus
estrategias en el aula, nos encontramos con inconvenientes técnicos
(fallos en los computadores, fallos en los programas, "abundancia de
escasez" de computadores para la realmente abundancia de estudiantes
en un aula, y varios, esta vez sí, varios etcéteras) que
entorpecían un poco, o mucho, el impulso de poner en marcha
cualquier intento de estrategia que integre un computador. Disculpas
a los docentes por ser tan insistente en integrar "cosas nuevas"
en sus clases, pero valía la pena, vale la pena.
"Las
tics", "los tics", las TIC. El término ha dado señas
de estar integrado de manera arrasadora en el discurso del medio educativo, en las
comunidades educativas, desde aquel 2005 y hasta el 2015, ¡2015!
Parece que ha pasado solamente el tiempo, porque las muestras de
aquellas experiencias significativas, siguen centrándose en la
palabra TIC, tan rebuscada y forzada como al comienzo, solo que en
aquel 2005 alcanzaba a sonar "innovador", ahora suena más
bien sin eco, suena porque sí. TIC es una palabra vaga, sigue
siendo, aunque la reflexión inicial sea "las TIC no son un fin sino un
medio", veo en el aire letreros de cada experiencia que curioseé
"hey, miren aquí hay TIC", "oigan, estos niños
trabajan con TIC", "las TIC me permitieron estar aquí".
Maravilloso, ¿y la reflexión? ¿El proceso? ¿El seguimiento? ¿La
valoración? ¿La propuesta? ¿Lo fallido? ¿Lo logrado?
Estoy
seguro que hay reflexiones de los procesos, hay seguimiento,
valoración, propuestas sobre lo fallido y sobre lo logrado, y
seguramente mucho más por compartir, sin embargo, noto que se
continúa dando demasiada importancia a una TIC, a las TIC. Siento
que estamos queriendo "quedar bien" con las TIC. Pero se
nos está olvidando compartir la experiencia de escuela, de
aprendizajes, la experiencia del docente. Innovar con TIC, en esta
época, ya debería estar relacionado con hacer un uso invisible de
las TIC y dar prioridad a los procesos de aprendizaje. Disculpas por
la redundancia con la palabra TIC, no lo vuelvo a hacer.
No
sé cómo concluir este intento de reflexión en medio de los
aprendizajes que integran tecnologías, quizás es porque no lo
quiero concluir, solo quiero insistir en que hay toda una apuesta
tras el uso de cualquier herramienta, tecnológica o no y es esa
apuesta a la que se debería prestarle atención para analizar para
sí mismo y para compartir con los demás, colegas, estudiantes o
padres de familia, y con muchos otros "demás". Basta de
complicar el discurso y nuestra historia buscando integrar la
palabra TIC a todas horas y pasemos a lo que ha sido siempre
importante, al proceso, a los porqués, a los para qués, a lo que
aprendí, a lo que de desaprendí.
¡Un
gran abrazo para cada profesor que toma riesgos grandes, y otro igual
de grande para quienes toman riesgos pequeños!
domingo, 26 de abril de 2015
Sin excusas, no "vivo"
Siempre defendiendo los cruces por la cebra, el hacerle caso a los semáforos, el uso de los puentes peatonales, el andar por la derecha, el respeto de los turnos en una fila, el no botar basura... Tratando de ser un buen ciudadano ("buen ciudadano" debería ser redundancia) desde varios puntos no tan difíciles de lograr.
Caso 1: Muy defensor, pero ahora tendré que aprender a decir "no". Era la fila para reclamar un kit de carrera, decenas de personas voladas (me incluyo) del trabajo para alcanzar a retirar la camiseta con la talla deseada. Transcurrían apenas 20 minutos y personas llegaban a "buscar a alguien conocido" antes de hacer la fila, hecho repetido una y otra vez; molesto. "Mi conocido" estaba a 5 personas de la entrada, pero no se me pasó por la cabeza colarme e irrespetar a las personas frente a mí. No.
La fila transcurrió por casi dos horas y para entonces era yo quien estaba a 5 personas de la entrada y, de la nada, apareció "la solicitud" de reclamar un kit (es en esta parte de la historia en la que me hizo falta aprender a decir "No"), acepté en medio de la vergüenza por todas las personas de la fila, pasé a ser atendido, tuve que ganarme el regaño de quien lideraba la organización "¡Eso no se hace! Hay personas haciendo fila por dos horas y ustedes la irrespetan así...". Un regaño con justa razón. Salí de ese sitio como si hubiese cometido un crimen (en cierta medida lo fue), avergonzado, con la cabeza agachada; prácticamente huyendo.
Caso 2: Desde la bicicleta. Esperaba en mi bicicleta, antes de la cebra en el semáforo peatonal de la Séptima con calle 32, a que dicho semáforo cambiara para poder avanzar, pero sin razón alguna más que la estupidez de adelantar aprovechando que, al parecer, no había ningún peatón más, pedaleé y en menos de un segundo transcurrido supe que estaban cerca de un par de señoritas quienes con razón manifestaron su disgusto con un "¡Oiga, el semáforo está en rojo!" y que efectivamente iban a cruzar, sólo atiné a decirles, "disculpen, no las vi". Excusa que yo tampoco habría aceptado, el semáforo estaba en rojo. Ofrezco públicamente disculpas a ellas.
"Muy de malas que justo cuando no hago caso del compromiso ciudadano pasen esas cosas". No creo ser "de malas", pues gracias a ese llamado de atención por parte de las señoritas no volví, ni volveré, a ser parte de la indecencia ni la viveza que tristemente caracteriza a la gente al volante, al manubrio y al mismo peatón también. Gracias a ellas, de nuevo.
Ese par de días fueron suficientes para tener varias semanas, ya casi un mes, de pensamientos tristes frente a la forma de ¿vivir? en Colombia, donde realmente "el vivo" es quien lleva las de ganar. Esa "viveza" que es la misma siempre y que va desde un simple irrespeto de un turno hasta la manipulación ante toda una nación para tapar una (o miles) muerte.
Caso 1: Muy defensor, pero ahora tendré que aprender a decir "no". Era la fila para reclamar un kit de carrera, decenas de personas voladas (me incluyo) del trabajo para alcanzar a retirar la camiseta con la talla deseada. Transcurrían apenas 20 minutos y personas llegaban a "buscar a alguien conocido" antes de hacer la fila, hecho repetido una y otra vez; molesto. "Mi conocido" estaba a 5 personas de la entrada, pero no se me pasó por la cabeza colarme e irrespetar a las personas frente a mí. No.
La fila transcurrió por casi dos horas y para entonces era yo quien estaba a 5 personas de la entrada y, de la nada, apareció "la solicitud" de reclamar un kit (es en esta parte de la historia en la que me hizo falta aprender a decir "No"), acepté en medio de la vergüenza por todas las personas de la fila, pasé a ser atendido, tuve que ganarme el regaño de quien lideraba la organización "¡Eso no se hace! Hay personas haciendo fila por dos horas y ustedes la irrespetan así...". Un regaño con justa razón. Salí de ese sitio como si hubiese cometido un crimen (en cierta medida lo fue), avergonzado, con la cabeza agachada; prácticamente huyendo.
Caso 2: Desde la bicicleta. Esperaba en mi bicicleta, antes de la cebra en el semáforo peatonal de la Séptima con calle 32, a que dicho semáforo cambiara para poder avanzar, pero sin razón alguna más que la estupidez de adelantar aprovechando que, al parecer, no había ningún peatón más, pedaleé y en menos de un segundo transcurrido supe que estaban cerca de un par de señoritas quienes con razón manifestaron su disgusto con un "¡Oiga, el semáforo está en rojo!" y que efectivamente iban a cruzar, sólo atiné a decirles, "disculpen, no las vi". Excusa que yo tampoco habría aceptado, el semáforo estaba en rojo. Ofrezco públicamente disculpas a ellas.
"Muy de malas que justo cuando no hago caso del compromiso ciudadano pasen esas cosas". No creo ser "de malas", pues gracias a ese llamado de atención por parte de las señoritas no volví, ni volveré, a ser parte de la indecencia ni la viveza que tristemente caracteriza a la gente al volante, al manubrio y al mismo peatón también. Gracias a ellas, de nuevo.
Ese par de días fueron suficientes para tener varias semanas, ya casi un mes, de pensamientos tristes frente a la forma de ¿vivir? en Colombia, donde realmente "el vivo" es quien lleva las de ganar. Esa "viveza" que es la misma siempre y que va desde un simple irrespeto de un turno hasta la manipulación ante toda una nación para tapar una (o miles) muerte.
viernes, 6 de marzo de 2015
Sé vaivén
La fuerza de las palabras,
la suavidad de los deseos,
la tranquilidad de las almas,
el palpitar de lo que se extraña.
Son voz, sos vos, somos.
Estuvimos, debimos, ¿nos despedimos?
Risa plena, sonrisa, suspiro.
Vos aquí, vos allá, te vas.
No es suficiente el pasado,
el presente tampoco lo ha sido,
es mañana un siempre
o un nunca si decides no estar.
Se hacen nudos en la garganta,
en el aire que escapó de un suspiro,
se hacen nudos con los dedos,
mientras la mente piensa en que te sintió.
El horizonte frena la vista,
el viento simula una caricia, tuya.
El parpadeo inminente despierta
y esa imagen, con tu forma, vuelve a partir.
Es claro, jamás existió un inicio
ni un final; no un antes ni un después,
pero quedan en el ahora abrazos,
te esperan, te buscan, quieren darse.
Pero no, no se describen tristezas,
porque sonrío mientras escribo,
se dispersan más bien tus aromas,
son letras, ¿las ves? ¡Aún te siento!
la suavidad de los deseos,
la tranquilidad de las almas,
el palpitar de lo que se extraña.
Son voz, sos vos, somos.
Estuvimos, debimos, ¿nos despedimos?
Risa plena, sonrisa, suspiro.
Vos aquí, vos allá, te vas.
No es suficiente el pasado,
el presente tampoco lo ha sido,
es mañana un siempre
o un nunca si decides no estar.
Se hacen nudos en la garganta,
en el aire que escapó de un suspiro,
se hacen nudos con los dedos,
mientras la mente piensa en que te sintió.
El horizonte frena la vista,
el viento simula una caricia, tuya.
El parpadeo inminente despierta
y esa imagen, con tu forma, vuelve a partir.
Es claro, jamás existió un inicio
ni un final; no un antes ni un después,
pero quedan en el ahora abrazos,
te esperan, te buscan, quieren darse.
Pero no, no se describen tristezas,
porque sonrío mientras escribo,
se dispersan más bien tus aromas,
son letras, ¿las ves? ¡Aún te siento!
lunes, 19 de enero de 2015
Captura al lente culpable
Posaron perfectamente y sin vacilar
los ojos, los labios, las orejas y las cejas,
el cuello, la frente, el cabello y la sonrisa,
el tiempo, la luz, el espacio y la pausa.
Fue la captura perfecta del instante exacto,
cada detalle con su propio sentimiento,
cada detalle con su propio secreto,
fue la orgía del orden, ¿fue un despropósito?
Fondo rojo en degradé por la iluminación perfecta,
labios coquetos y brillantes, cómplices del foco,
ojos a medio cerrar que sólo evocan seducción,
¿la orgía del orden? Un despropósito.
Rojo, último rastro de una pared arrinconada por la soledad.
Coquetos, no fue más que un ángulo afortunado.
Cuasi cerrados, ardían; las lágrimas son saladas y queman.
Orgía del orden. Despropósito.
Posaron perfectamente y sin vacilar,
el fondo rojo, los labios brillantes, los ojos cerrados.
Fue la captura perfecta del instante exacto,
de lo que todos ven, de lo que pocos saben que se siente.
¿Desorden? ¿Propósito?
Y es que aquel lente puede encuadrar mentiras... y verdades,
deja fuera de la orgía a las verdades... y mentiras.
Si aquel lente no está buscando revelar un rostro,
¿qué esta tratando de ocultar ese lente?
¡Fue la orgía del orden! ¡Fue un despropósito!
los ojos, los labios, las orejas y las cejas,
el cuello, la frente, el cabello y la sonrisa,
el tiempo, la luz, el espacio y la pausa.
Fue la captura perfecta del instante exacto,
cada detalle con su propio sentimiento,
cada detalle con su propio secreto,
fue la orgía del orden, ¿fue un despropósito?
Fondo rojo en degradé por la iluminación perfecta,
labios coquetos y brillantes, cómplices del foco,
ojos a medio cerrar que sólo evocan seducción,
¿la orgía del orden? Un despropósito.
Rojo, último rastro de una pared arrinconada por la soledad.
Coquetos, no fue más que un ángulo afortunado.
Cuasi cerrados, ardían; las lágrimas son saladas y queman.
Orgía del orden. Despropósito.
Posaron perfectamente y sin vacilar,
el fondo rojo, los labios brillantes, los ojos cerrados.
Fue la captura perfecta del instante exacto,
de lo que todos ven, de lo que pocos saben que se siente.
¿Desorden? ¿Propósito?
Y es que aquel lente puede encuadrar mentiras... y verdades,
deja fuera de la orgía a las verdades... y mentiras.
Si aquel lente no está buscando revelar un rostro,
¿qué esta tratando de ocultar ese lente?
¡Fue la orgía del orden! ¡Fue un despropósito!
Gracias May por compartir.
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